Lilith: dadora de vida o generadora de muerte

«Not a drop of her blood was human, But she was made like a soft sweet woman».

Dante Gabriel Rossetti Rossetti

lady-lilith-1868-oil-on-canvasLady Lilith (circa 1864-1868?)

La Enciclopedia judaica nos ofrece la siguiente acepción al buscar a Lilith: mujer demonio. De los tres demonios asirios demeninos Lilu, Lilit, y Ardat Lilit, la segunda es a la que se hace referencia en el Isa. xxxiv. 14. Schrader ( “Jahrb. Protestantische für Theologie,” i. 128), donde se toma a Lilith como una diosa de la noche; se dice que ha sido venerada por los judíos exiliados en Babilonia (Levy, en “ZDMG” ix. 470, 484) [nótece aquí el gran detalle, “venerada por judíos”, el pueblo elegido de Dios, ¿adoraría un demónio?, esto, es difícil de creer] . SAYCE (“Hibbert Conferencias”, págs. 145 y ss.), Fossey ( “La Magia Assyrienne”, pp. 37 y ss.), Otros piensan que “Lilith” no está conectada con el hebreo “layil” (noche) , sino que es el nombre de un demonio de la tormenta, y esta opinión es apoyada por las inscripciones cuneiformes citadas por ellos. Sin embargo, se supone que es parecido al vocablo antisemita “layil” cambiando la concepción de Lilith entre los semitas, y especialmente entre los Judios. En el Talmud y el Midrash. Lilith se describe con más detalle en la literatura post-bíblica, donde aparece como un demonio de la noche, como sugiere su nombre hebreo. Tres clases de demonios se mencionan: los espíritus, demonios, y “lilin” (Targ. yer. A Deut. Xxxii. 24; Targ. Sheni a Esth. I. 3, passim). La primera no tiene ni cuerpo ni forma, y la segunda aparece en forma humana completa, y la tercera en forma humana, pero con alas (Rashi a Sanh. 109). Del mismo modo, Eva llevaba los demonios a los hombres por espacio de 130 años. Esto se corresponde con la opinión de que los demonios humanos son mitad huamanos. Lilith es una mujer seductora con el cabello largo ( ‘Er. 100 B); es la Reina de Zemargad (Targ. Empleo i. 15; comp. Bacher y Kohut); Ahriman es su hijo (BB 73 bis). Ella se acerca por la noche, sumerge en sujeción a cualquiera que duerma solo en una habitación (Shab. 151 ter). “El Señor te protegerá” (Núm. vi. 24) significa, según Targ. Yer., “… De Lilin”. El meteoro de piedra es su flecha y es un remedio contra la enfermedad (Gi. 69B). Deambula por la noche, con miles de demonios. Edad Media y Tiempos Modernos. Kohut identifica a Lilith con la parsi Bushyansta, en árabe; y los traductores hallan la palabra en Isa. xxxiv. 14 por “Ghul”, que es idéntica a la “lamia” de la Vulgata. En el Talmud, sin embargo, no hay nada que indique que Lilith es un vampiro. Los árabes, por el contrario, dicen con respecto a Lilith, que bajo la forma de Lalla, es una “santa dama” (Schwab, “Les coupes Magiques et l’Hydromancie dans l’Antiquité Oriental”, p. 11). El nombre “Lilith” se encuentra también en amuletos cifrados de terracota (ídem, “Inscripciones a Magiques coupes”, p. 62). En la Edad Media después de la amplificación de la demonología por parte de algunos místicos, realizada sobre la base de las tradiciones y las normativas europeas, se rearmaron supersticiones, y también se le asignó una forma más definida a Lilith (véanse las citas en Eisenmenger, “Entdecktes Judenthum,” ii. 417 y ss. ). Así es como ella se convierte en un demonio nocturno, volando con la forma de un búho de noche y robando niños. Tiene permitido matar a todos los niños que han sido engendrados pecaminosamente, incluso de una esposa legítima. Si un niño sonríe durante la noche del sábado o la Luna Nueva, es una señal de que Lilith está jugando con él. Uno debe entonces soplar sobre la nariz del niño tres veces y Lilith no podrá atraparlo. (José Cohen, ” ‘Emek ha-Melek”, p. 84b, comp. Grunwald, “Mitteilungen der Gesellschaft für Jüdische Volkskunde,” v . 62). Lilith aparece también a los hombres en sus sueños, ella es la esposa de Samael (Schwab, “Angélologie”, comp. Zohar II. 267b). Se dice en un libro judeo-alemán ( “Hanhagat ha-asidim”) impreso en Frankfort, durante el comienzo del siglo XVIII, que engaña a los hombres y a los niños; la mortalidad infantil se considera como una consecuencia de este mestizaje (la unión de Lilith y un hombre)(comp. Grunwald, LCV 10, 62). Existe una leyenda en la que aparece como la Reina de Saba, que bajo la apariencia de una hermosa mujer, seducía a los judios pobres de Worms (Grunwald, lc ii. 30 y ss.). Como ella estaba dispuesta a aprovecharse del recién nacido, la madre y el niño fueron protegidos con amuletos, que desde los primeros tiempos se consideraban como un resguardo eficaz contra la magia y los demonios; Lilith es la principal figura responsable de los “partos difíciles”, aún hoy, cuelgan en las paredes amuletos en la habitaciones al este y al oste de Europa. El nombre “Lilith” se produce también en los no judíos supersticiones (Lammert, “Volksmedicin”, p. 170; Grunwald, lc vii., Col. 2, n. 4). La concepción que ella era la primera esposa de Adán (comp. Gen. R. xxiv.; Yer. “Er. 18 ter) parece haberse propagado a través del léxico talmúdico”. Lilith es un claro ejemplo de la persistencia de creencias populares supersticiosas. Es claro que desde el inicio de las culturas megalíticas occidentales se encuentra una figura femenina aunada al crecimiento de la sociedad que sostuviese una precaria o más elaborada organización. Así es como descubrimos infinidades de “diosas madres”. Recordemos que muchas culturas anteriores, se fomentaban estrictamente bajo cánones de matriarcados, costumbre abolida en su totalidad con la llegada del Judaísmo y Cristianismo. Pero es fácil cotejar cómo es que la figura femenina prepondera sobre las primitivas religiones mundiales, si undagamos al respecto un poco más podremos realizar una relación más límpida entre Lilith y la Diosa Madre. Desde hace miles de años la figura femenina ha estado vinculada a la muerte. En Egipto, por ejemplo, los sarcófagos de piedra eran denominados “vientres maternos”. Asimismo, en la cuenca mediterránea los difuntos solían ser enterrados en el seno de las montañas, pues se creía que la divinidad que habitaba en ellas les ayudaba a renacer: convertidos en estrellas (las almas se elevaban hasta la constelación Orión), los traspasados guiaban las existencias de los vivos desde el firmamento. Por otro lado, muchas de las estatuillas que nos han llegado se han encontrado en sepulcros, lo que hace suponer que su misión era despertar a los muertos para conducirlos hacia su nueva vida en la tierra de los bienaventurados. Utilizadas como ornamentos, fetiches, joyas o amuletos, estas representaciones femeninas (de divinidades o de sacerdotisas) actuaban como intermediarias entre los dioses y los muertos. Así, a su belleza se unían sus poderes mágico-religiosos, ya que la fuerza que emanaba de ellas tenía un carácter protector relacionado con las creencias en el más allá. Casi todas las figurillas encontradas están desnudas y sus características físicas son muy parecidas. Tanto sus exageradas formas nutricias y sexuales como sus cabezas carentes de rasgos hacen dudar de que estemos ante representaciones realistas de la mujer paleolítica; más bien sugieren una interpretación simbólica (las formas generosas remiten a la abundancia de bienes terrenales). Sin embargo, el significado de su desnudez evoluciona a lo largo de los siglos. En las representaciones posteriores, los rasgos femeninos se muestran tan esquematizados que quedan reducidos a simples trazos geométricos. Estas mujeres no parecen seres de este mundo, sino apariciones celestes (algunas, incluso, adquieren la apariencia de un pájaro). Otras funciones de estas figuras están relacionadas con el ámbito doméstico. Algunas tribus cazadoras de Asia septentrional fabricaron unas estatuillas femeninas, llamadas dzuli, que representaban a la abuela mítica de la tribu, de la que se suponía que descendían todos sus miembros. Situadas en los hogares, las dzuli protegían tanto la vivienda como a quienes habitaban en ella; por eso, como muestra de agradecimiento, cuando los hombres regresaban de sus expediciones de caza les ofrecían ofrendas. Asimismo, en la región siberiana de Mal’ta se han descubierto unas casas antiquísimas cuya planta rectangular estaba claramente dividida en dos partes: una de ellas se reservaba a los hombres y la otra, a las mujeres. Las estatuillas halladas en su interior estaban situadas precisamente en este último sector, lo que hace pensar que fueron realizadas por mujeres. Quizá formaban parte de rituales domésticos: usadas como talismanes mágicos, garantizaban el cumplimiento de un bien deseado (fertilidad, salud para la familia, buena suerte, etc.). El cambio de una sociedad nómada cazadora a otra sedentaria agricultora otorgó protagonismo a la figura femenina. Se estableció un vínculo entre la fertilidad de la tierra y la fecundidad de la mujer: las mujeres no sólo trabajaban los cultivos, sino que se convirtieron en responsables de la abundancia de las cosechas, pues sólo ellas poseían el misterio de la creación. La vida humana empezó a asimilarse al ciclo vegetal: tras ser engendrados (la tierra pasa a transformarse en una enorme matriz), tanto los hombres como las plantas crecen y terminan regresando a las entrañas terrestres cuando mueren. Asimismo, esta evolución hizo que la sacralidad femenina cobrase mayor importancia. En el Mediterráneo Oriental (Egipto, Fenicia, Frigia y Grecia) empezaron a venerarse las diosas Isis, Cibeles y Rea, consagradas a la fecundidad vegetal, animal y humana. Además de estar estrechamente relacionada con la tierra, la sexualidad femenina guarda también una clara correspondencia con las fases lunares, lo que favoreció el nacimiento de una “Diosa Blanca” vinculada a la Luna. La literatura antigua nos ha dejado un valioso testimonio del culto a esta poderosa Diosa Madre lunar. En la obra latina El asno de oro, escrita por Apuleyo (125-180), se conserva un completísimo relato acerca de esta divinidad. Junto a su descripción física, se hace referencia a su poder sobre los hombres y sobre todos los cuerpos, pues aumentan o disminuyen según los ciclos lunares. Esta diosa “soberana”, que “resplandece con gran majestad”, era adorada en su calidad de cultivadora, segadora y aventadora del grano. Se representaba con una larga cabellera que le cubría la espalda, una corona de flores que adornaba su cabeza y una túnica oscura “sembrada toda de unas estrellas muy resplandecientes, en medio de las cuales la Luna de quince días lanzaba rayos inflamados”. Pero dejemos que la propia divinidad sea quien se presente:

Soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y reina de todos los difuntos, primera y única sola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí, sola y una diosa, honra y sacrifica todo el mundo en muchas maneras de nombres“.

Es la voz de la propia Lilith la que habla. Y como generalemente ha sucedido, el significado real de tal simbolismo se perdió, llegando hasta nosotros la idea de una “mujer condenada, madre (¿?) de los vampiros. Particularmente, asocio con Lilu vida y no precisamente muerte, como los datos anteriores testifican.

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Fuentes:

– Emil G. Hirsch, Solomon Schechter and Ludwig Blau; JewishEncyclopedia; 1975.

– Varios autores; Historia de las religiones; 1998.

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Una respuesta a “Lilith: dadora de vida o generadora de muerte

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