Historia de las ciencias ocultas desde la antigüedad hasta nuestros días – Auguste Debay (Traducción)*

Auguste Debay (1802 – 1890) fue un médico francés que publicó libros de medicina para una audiencia popular.
Su especialidad en medicina militar lo llevó a visitar Argelia. A su retorno a París, en 1840, publicó diversos trabajos relacionados con fisiología, sexualidad en el matrimonio, higiene y un manual farmacéutico sobre cosméticos y perfumes, entre otros.
Según el volumen número 36 del Catálogo general de libros impresos en la Biblioteca Nacional de Francia (Catalogue général des livres imprimés à la Bibliothèque nationale, tome XXXVI), en 1888, el libro de Debay, Hygiène et physiologuie du mariage, había llegado a la edición centésima septuagésima segunda en 1888, 40 años después de la primer publicación.
Su principal consejo para los maridos del siglo XIX fue que debían satisfacer a sus esposas en la cama con cierta sensibilidad y haciendo uso de sus mejores habilidades, recomendación un tanto controversial para el pensamiento del 1800.
Como activista del ejercicio de una sexualidad sin tapujos, el médico se opuso radicalmente a las imposiciones religiosas de la época.

Sus obras:

Histoire naturelle de l’homme et de la femme depuis leur apparition sur le globe terrestre jusqu’à nos jours.
– Hygiène alimentaire, histoire simplifiée de la digestion des aliments et des boissons à l’usage des gens du monde.
– Hygiène des douleurs: les nerfs et leur curieuse influence sur le physique et le moral, nevrothérapie ; les sens, mécanisme de leurs fonctions, anomalies, exaltation, hallucinations, perversions sensorielles, cas rares, hygiène des sens.
– Les Mystères du sommeil et du magnétisme, explication des prodiges qu’offre cet état de la vie humaine”, and of course, let us not forget to mention.
– Nouveau manuel du parfumeur-chimiste. Les parfums de la toilette et les cosmétiques les plus favorables à la beauté sans nuire à la santé, suivis d’un grand nombre de produits hygiéniques nouveaux complètement ignorés de la parfumerie.
(Si desea cotejar más títulos escritos por Auguste Debay puede leer Catalogue général de la librairie française, Volumen 2.)

Igualmente como polemizó acerca de los comportamientos básicos humanos, también dedicó gran parte de su vida a rastrear supersticiones de las poblaciones del Gran Oriente Medio y el Levante mediterráneo.
De estas exploraciones nacen las deducciones sobre vampiros en Historia de las ciencias ocultas desde la antigüedad hasta nuestros días (Historie des sciences occultes depuis l’antiquite jusqu’a a nos jours).

Vampiros
Se llamaba vampiros a los cadáveres que se conservaban intactos en la tumba, y que salían, se decía, en la noche, para chupar la sangre de las personas que duermen.
Cuando, por casualidad, se abrían sus tumbas, los encontrábamos perfectamente conservados, con el rostro fresco, aunque manchado por la sangre que habían bebido.
La creencia en el vampirismo fue propagada desde Hungría, Polonia, Austria, Serbia y Moravia. Bastaba cualquier comodín, o (lo que es mejor decir) un malhechor libre, en la noche, en un cementerio, para producir el terror en la comarca. Todo el mundo había visto al horrible vampiro, era de tal o cual modo, abría una boca enorme y mostraba sus temibles dientes, etc, etc,.. Cada uno cerraba su puerta y se resguardaba, para no transformarse en víctima del vampiro.
En 1726, abrimos la tumba de un viejo vampiro llamado Arnold, que bebía la sangre de todo el vecindario; lo encontramos en su ataúd, con un ojo abierto, la tez iluminada y con un aire de gallardía. El alguacil del lugar, hombre experto en vampirismo, le hundió una estaca en el corazón y cortó su cabeza. A continuación, quemamos el cadáver, lo que hizo que no bebiese más sangre de ninguna persona.
Este hecho está testificado por dos jueces del tribunal de Belgrado, quienes asistieron a la ejecución; y por un oficial del emperador, como testigo ocular.

Bronkolakas
Los griegos modernos creen, sobre los fundamentos de un sacerdote, que sucede algunas veces que, los cadáveres de personas excomulgadas son animadas por demonios, los que se sirven de sus órganos para beber, comer, hablar, etc.; el nombre de bronkolakas ha sido dado a estos fantasmas. Existe la necesidad, para romper el hechizo, de destripar al resucitado, arrancarle el corazón (que se corta en tres pedazos) y luego enterrarlo bajo el poder de los signos de la cruz.
Paul Lucas, en su Voyage au Levant (Viaje a Levante), reporta este extraño hecho y menciona que se renueva frecuentemente en la isla de Santorin. Los muertos retornan, dice, incluso lo hacen con la luz del día, y entran en la casa que habitaron, lo cual llena de espanto a quienes los perciben. Para preservarse de un maleficio, tan pronto como aparezca un bronkolaka, se corre al cementerio a desenterrar su cadáver, el que se corta en pedazos. Después se quema (previa sentencia del gobernador). Esto hace que el muerto no vuelva más.
Tal era, sin embargo, la credulidad de los hombres en los siglos pasados; era fácil inspirarles el espanto, lo que los ponía a merced de multitud de bribones. Y todavía hay gentes, bastante enemigas del progreso, para injuriar el gran siglo filosófico de Francia, que borró tantas supersticiones.

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Puede descargar este libro desde el siguiente link:

Historie des sciences occultes depuis l’antiquite jusqu’a a nos jours por A. Debay (en francés).

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* Información sobre el Copyright de la traducción:

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