Halloween: una festividad con basamentos romanos y celtas

En Roma, el festival en honor a Pomona se celebraba el día 1 de noviembre, luego de que se almacenara la siega frente a la llegada del inclemente invierno. Es evidente cómo se fusionó de modo natural la ceremonia de Samhain celta a la anterior, puesto que a partir del siglo I. d.C, por gracia de la expansión romana, muchas tradiciones convergieron en los mismos poblados de gran parte de Europa y de las islas británicas.
Desde Asia, esta rama aria regó las aldeas que moraban con su adoración a la Naturaleza, confiriéndole propiedades animísticas. El par Belenus (sol) – Samagín (muerte) conformaba el canon céltico. A pesar de ser disímiles los acuerdos con respecto a la adoración más acostumbrada, algunos historiadores han señalado que la veneración al dios de la muerte fue comúnmente practicada; tal es así que no es de extrañar que se lo considerara la principal deidad druídica.
El 31 de octubre, un día antes de la llegada del nuevo año y la última noche del calendario anual anterior, se encendían enormes fogatas para atraer la luz espiritual (Belenus) sobre la amenaza de los espíritus errantes de difuntos. Los más pequeños de la comunidad céltica eran los encargados de conseguir el combustible que hiciese arder persistente el fuego durante toda la noche. Sus tutores, en cambio, danzaban alrededor de la pira (sí, consagraban sacrificios humanos), ataviados con aterradoras máscaras que simulaban las ánimas penantes. Más tarde, encendidas las teas que alumbrarían el retorno al reposo, abandonaban las cumbres de los montes.
Se esperaba que esta inmolación simulada y concreta, apaciguara el designio sobre las almas que propinaba Samagín. Los espíritus congraciados regresarían el próximo año a reencontrarse con sus familiares en la noche de Samhain o Samagín. Por el contrario, las almas hostiles debían esperar el designio sobre su siguiente trasmigración animal.
El culto céltico indoeuropeo puro se anexionó a las costumbres latinas hasta fusionarse, en un primer momento, y casi fundirse con la llegada del Cristianismo. La tradición pagana fue convertida de la mano de Constantino. Padre, hijo y espíritu santo se volvieron la clave trinitaria de esa nueva devoción monoteísta que llegaba a absorber primigenias idolatrías para un culto en estadio de conformación.
Con respecto a la herencia romana que se aculturó a la celta, vierte sus inicios sobre la primigenia diosa menor Pomona. Divinidad arbórea hamadríade, la más bella de la floresta.
Las Hamadríades eran ninfas de los robles de origen arcadio. Confundidas generalmente con las dríadas, aquellas no sobrevivían a la devastación de los parques. Al estar estrechamente vinculadas al árbol del cual habían emergido, es probable que muriesen cuando él se extinguía.
Para la iconografía utilizada por los grabadores barrocos neerlandeses (Hendrick Goltzius y su discípulo Jacob Matham), se representa a Pomona cerca de frutos y árboles floridos que la circundan.
Como leal centinela de jardines y frutales, la enamorada de Vertumno jamás correspondió a las proposiciones amorosas de ninguno de los dioses que la cortejaban, debido a que, como hamadríade, le incumbía una intachable castidad (recordemos que sólo las dríadas eran quienes se desposaban).

Vertumnus en Pomona – Hendrik Goltzius

Al parecer, el dios Vertumno, regente de los cambios de estación y campos cultivados, fue el único que dominó el corazón de la obcecada Pomona. Mediante la perseverancia y su hábil atributo para adoptar diversas formas, se transformó en labriego, sembrador, viñador, y por último, en anciana, tras el fin de convencer a la ninfa de que aceptara su camelo. (Algunas consideraciones filológicas actuales refieren que existe inexactitud en la traslación del verbo latino vertere = cambiar, error que ha producido dicha falla etimológica histórica. No obstante, están documentadas entre los romanos las celebraciones de agosto de las fiestas Vertumnalia, en las que se ofrendaba al dios las primeras cosechas).
En sus Metamorfosis, Publio Ovidio Nasón, nos narra el afaire habido entre estas divinidades:

Pero es así que los superaba amándola
a ellos incluso Vertumno, y no era más dichoso que ellos.
Oh cuántas veces, en el atavío de un duro segador, aristas
en una cesta le llevó, y de un verdadero segador fue la imagen.
Sus sienes muchas veces llevando con heno reciente trenzadas, 645
la segada grama podía parecer que había volteado.
Muchas veces en su mano rigurosa aguijadas portaba, tal que él
jurarías que cansados acababa de desuncir sus novillos.
Una hoz dada, deshojador era y de la vid podador.
Se vestía unas escalas: que iba a recoger frutos creerías. 650
Soldado era con una espada, pescador, la caña tomada.
Por fin, merced a esas muchas figuras acceso para sí muchas veces
encontró de modo que poseyera los goces de la contemplada hermosura.
Él incluso, coronadas sus sienes de una pintada mitra,
apoyándose en un bastón, puestas por esas sienes canas, 655
se simuló una vieja, y entró en los cultivados huertos
y de los frutos se admiró y: “Tanto más poderosa”, dice,
y a la que un poco había alabado dio besos cuales nunca
verdadera hubiese dado una anciana, y en el terreno encorvada se sentó,
mirando arriba, curvas, del peso de su otoño, las ramas. 660

Esta no es sino otra alegoría dentro de la fábula mitológica de Ovidio para recrear el paso de los períodos estacionales, en los cuales la Naturaleza transmuta y regenera las tierras dispuestas a sembradíos. Pérez Zaragoza Godínez lo explica a través de sus pedagógicas preguntas y respuestas:

P. Decidme ¿Pomona y Vertumno hicieron alguna cosa interesante para la historia de la fábula?
R. No, y así poco mas teneis que saber de estos Dioses que lo que acabo de deciros: solo os diré que Vertumno dicen algunos que era el Dios de los pensamientos humanos y de las mudanzas ó metamorfosis, pues podia tomar todas las formas que queria. Como este Dios era adorado bajo muchas transformaciones, Horacio le pone en plural, y dice Dii Vertumni, los Dioses Vertumnos, como si en efecto hubiese habido tantos Vertumnos como figuras tomaba este Dios, segun dice Dacier (…).

Ya el Papa Gregorio I fomentaba la defensa de la persistencia de esas antiguas costumbres, advirtiendo que se resguardaran los templos primitivos, para que las personas que veían sus creencias a salvo pudiesen desplazar el error y adorar al único Dios verdadero.
El camino elegido fue mudar la celebración druídica de Samhain por la conmemoración del Día de todos los santos católico. Otra vez un Papa. Esta vez, Gregorio IV instituyó el día 1º de noviembre como Día de todos los santos.
En La cruz, periódico esclusivamente religioso, volumen 1, la doctrina cristiana establece:

Gregorio IV, que pasó á Francia en 835, exhortó á Luis el Piadoso á celebrar la gran Conmemoración de los Santos en todos sus Estados, lo que comenzó á tener lugar el 1º de Noviembre de aquel año.

Hay una excelente tesis de licenciatura, titulada La muerte bajo los ojos mexiquenses – El significado de la muerte para los aztecas, el papel del catolicismo colonial y sus influencias en la Ciudad de México contemporánea, de Linda Garagarza Munoz, donde la investigación arroja el traslado de la celebración en suelos americanos, instituida originariamente en el siglo VII y celebrada el 13 de mayo como día de Todos los Santos mártires. Luego de la asunción del cuarto Gregorio, la fecha se traslada al primer día del mes de noviembre, adaptando también el nombre como Día de Todos los Santos.

Con estas determinaciones sobre las nuevas implantaciones conmemorativas, la Iglesia Católica contribuyó de modo candoroso a la festividad que hoy conocemos como Halloween. Bajo los primeros siglos de su arbitrio, y entremezcladas las costumbres politeístas, los sacerdotes animaron a los creyentes paganos, a honrar a sus muertos conjuntamente al enaltecimiento de los santos cristianos.
Se invalidaron las antiguas costumbres de los sacrificios humanos con la preparación de tortas para el alma. Así es como los integrantes indigentes del pueblo tendrían alimentos, gracias a la dadivosidad de los piadosos. Con el transcurso del tiempo, la costumbre de cocinar tortas también desapareció; fueron los jóvenes quienes recorrían el poblado pidiendo para las almas carentes, dinero, cerveza o comida.
También los santuarios británicos, sobrepasados de reliquias auténticas costosísimas, reverenciaban a sus panteones, dirigiendo su liturgia en procesiones interminables por la ciudad. Por razones evidentes, las iglesias menores del país, sin santos que exhibir ante los humildes feligreses, los alentaban a disfrazarse de santos, demonios o ángeles y rogar frente a las hogueras para ahuyentar las fuerzas demoníacas que pudiesen amedrentarlos.
Por consiguiente, y después de estas mínimas asociaciones, se preguntarán ¿de qué forma podríamos relacionar la celebración de Halloween con vampiros? Pues, sólo nos queda realizar un breve paseo por lo ya relatado. Las alianzas resultan manifiestas.
¿Acaso, los espíritus demoníacos que asustan a los vivos, almas extraviadas que tienen la cualidad de convertirse en animales sobrenaturales, la luz inextinguible de una fogata, mujeres seducidas por el encubierto poder de las transformaciones, no mantienen una ilación correspondiente con no-muertos, murciélagos, la baja resistencia a la potencia solar, propia de los chupa sangre y con la fascinación erótica vampírica?..
Un extraviado cuento celta, Echtra Nerai (Las aventuras de Nera), escrito para Samhain dice:

2. Ba mor iarum a dorchotai na haidqi sin, ogus a grandatai, ogus doaidbitisd demnoie ind oidqi sin dogres. No teged gach fer ar huair huaidip immach dia fromud ina haidqi sin 7 ba hopunn ticced issim tech doridisi.

(Grande era la oscuridad de aquella noche y su horror, los demonios aparecerían siempre. Cada hombre salía y rápidamente retornaba a su casa).

Feliz Samhain, lectores.

Referencias bibliográficas:
– Grimal, Pierre; Dictionnaire de la mythologie grecque et romaine, París, Presses Universitaires de France, 1979.
– Pérez Zaragoza Godínez, Austín; Nuevo compendió de La Mitología ó sea ciencia o esplicación de la fábula, Madrid, Imprenta de M. Aguado, 1826.
– En La cruz, periódico esclusivamente religioso, volumen 1, México, Imprenta de J.M Andrade y F. Escalante, 1855.
Ovidio, Metamorfosis, Libro XIV, traducción de Ana Pérez Vega, digitalizado por Wikisource.
– Santino, Jack; Halloween and other festivals of death and life, Estados Unidos, Univ. of Tennessee Press, 1994.
Echtra Nerai (The Adventures of Nera), digitalizado por Celtic Digital Initiative.

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