¿Piel de vampiro o lesiones porfíricas?

La mayoría de los absortos en el fenómeno vampírico hemos visto alguna (o muchas) película que los representa. El sentimiento, bastante generalizado, de que un guión cinematográfico consistente es clave para concluir en un dictamen satisfactorio del film, además de la convincente perfomance de los actores, por lo general, nos lleva a decidir frente a qué título nos sentaremos.
Incluso, una buena crítica de la película también nos persuadirá al momento de la elección. Y, hasta cierto punto, estas virtudes presentes (grosso modo) son definitorias cuando pretendemos ver al vampiro de cine.
Por otra parte, si el ojo espectador es algo detallista, reparará, seguramente, en el área técnica de la filmación. Bajo dominio del grupo artístico, la asistencia de maquilladores, vestuaristas y utileros, se convierte en un aporte fundamental para un exitoso desenvolvimiento durante el rodaje.
Tomemos una caracterización, ampliamente extendida desde su estreno a comienzos del siglo XX, del monstruo vampiro: la de Max Schreck en Nosferatu, eine Symphonie des Grauens y, añadámosle la adaptación de 1979, Nosferatu: Phantom der Nacht, protagonizada por Klaus Kinski.
Amén de que nos resulte casi imposible elegir la mejor encarnación del bebedor de sangre, ambos actores poseen un mérito externo a sus dotes interpretativas que evidentemente tiene relación con los efectos de maquillaje y los métodos de protésica que fraguaron cada escena.
Los más rigurosos teóricos de cine -y teatro- (Meyerhold, Artaud) indican que un íntegro trabajo escénico debe realzar el cuerpo del actor, convirtiendo su figura en eje del discurso escénico. Las caracterizaciones (pelucas, postizos, prótesis), entonces, deben ser aplicadas con cuidado, respetuosas siempre de la fisonomía particular de cada intérprete. Algunos actores refieren que la elaboración física de un personaje puede demorar más de dos horas en la silla de maquillaje…
En las películas antes mencionadas, observamos a los dos vampiros estrella luciendo extensiones de nariz, barbilla u orejas, entre otras. Las protésicas contribuyen en acentuar el aspecto siniestro de la bestia, remarcar la apariencia psíquica asesina y diferenciarlos de sus contrapartes humanos, a través de las anomalías físicas que los caracterizan.
En primer instancia, Marnau, y luego Herzog, han calculado los efectos kinestésicos que deben influenciar; máscaras y cosmética asistirán en las impresiones sensoriales del público. Es importante recordar que tanto Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, como su remake de 1979, hacen uso de los artificios del expresionismo alemán, esto implica que existe una acentuación consciente por parte de los directores de los útiles extracinematográficos.
Ado Kyrou formuló de manera inocente la siguiente hipótesis al respecto del rol interpretado por Schreck, intriga que hasta nuestros días apasiona a los amantes del cine clásico (leyenda urbana, al fin): “En el papel de vampiro, los créditos mencionan al actor de music-hall, Max Schreck; sin embargo, se sabe bien que esa atribución es un encubrimiento deliberado… Nunca nadie ha estado dispuesto a revelar la identidad del actor, a quien el brillante maquillaje transforma en irreconocible. Han habido varias conjeturas, algunas ni siquiera mencionan a Marnau… ¿Quién se esconde detrás del personaje de Nosferatu? ¿Tal vez, será el mismo Nosferatu?”
Estimo que el autor de Le surrealisme au cinema, no consideró en su afirmación los efectos de maquillaje, tampoco las transformaciones radicales que puede detentar un rostro al que se le han aplicado prótesis especiales o máscaras. Menos aún, hurgó en la enfermedad de Günther, que desde 1911 azota a la humanidad. Quizás sea posible que el Drácula de las dos películas más representativas del género vampírico, haya padecido esa afección o que, en el más cándido de los casos, el equipo artístico de ambos filmes basara la elaboración del personaje en las secuelas provocadas por la porfiria eritropoyética congénita.
Ann M. Cox., en su tesis final para medicina (Porfiria y vampirismo: otro mito en la conformación), incluye el artículo periodístico aparecido en el periódico New York Times en mayo de 1985. En él, el Dr. David H Dolphin afirma que es muy probable que las personas que han sido confundidas con hombres lobos o vampiros, desde mediados del siglo XIX, sean víctimas de una rara clase de enfermedad genética. Cox desecha esta teoría, a pesar de que reconoce que es factible la equivocación ya que los signos clínicos asociados tanto a vampirismo y licantropía, como a porfiria, son semejantes.
En lo que concierne a vampiros, la hematóloga asegura que de ningún modo un paciente con porfiria eritropoyética congénita anhela beber sangre, ya que la enzima (hematina) necesaria para aliviar los síntomas de la enfermedad, no se absorbe por vía oral.
A pesar de ésta, y otras pruebas comprobables registradas por especialistas galenos, la presunción de que algunas clases de porfirias son la respuesta más fiable a la hora de explicar el nacimiento de la creencia en vampiros, sigue definiéndolos. La industria lúdica, de hecho, se ha inspirado en los síntomas característicos de esta enfermedad para representar a la bestia. Veamos.
La fotosensibilidad es una reacción anormal de la piel a la luz solar u otras fuentes de radiación ultravioleta (rayos UV). En lo que atañe al grupo infantil, un niño que desarrolla enrojecimiento y ampollas en su piel ante la exposición solar, probablemente posea alguna alteración cutánea. En determinadas oportunidades (consignadas por un facultativo con experiencia médica), estas reacciones pueden indicar principios sintomatológicos de los trastornos genéticos denominados porfirias.
Es decir que, una persona que a edad temprana es diagnosticada con porfiria (porfiria eritropoyética congénita –PEC–), sufrirá, por lo regular, un trastorno de fotosensibilidad.
La enfermedad de Günther (otra de las denominaciones científicas para la PEC) es una de las más raras del conjunto: se estiman menos de 200 casos registrados profesionalmente, detenta un rasgo hereditario autosómico recesivo (esto significa que para que la enfermedad haya sido recibida por el descendiente, fue necesario que recibiera de ambos progenitores dos copias del gen anormal)*, aparece en una época precoz de la vida del paciente y se distribuye entre razas de modo amplio.
Las señas clínicas que acompañan el desarrollo de la enfermedad son:
– manifestaciones cutáneas: vesículas y ampollas, erosiones, costras, milia, cicatrización mutilante (pérdida de tejidos como extremos de las orejas, nariz y dedos de la mano), hiperpigmentación e hipertricosis (hirsutismo con pelo largo oscuro presente en zonas más expuestas a la luz, como cara, cuello y miembros);
– eritrodoncia (coloración de dientes);
– esplenomegalia;
– anemia hemolítica;
– anormalidades en los huesos.
J. B. Miale en Hematología: medicina de laboratorio, asegura: “Las porfirinas son agentes fotosensibilizantes, por lo que el aumento de su concentración en la sangre, con la consiguiente difusión a la piel, prepara este tejido para el efecto destructor de la luz solar. La fotosensibilidad hace que se produzcan lesiones cutáneas bullosas o vesiculares, que evolucionan dando lugar a ulceraciones, cicatrización y mutilaciones graves casi siempre de las manos y la cara. La fotosensibilidad se ve también en otras porfirias, pero rara vez es tan grave.”
¿Acaso Schreck y Kinski no conservan en su piel estas deformidades? Las orejas puntiagudas del Nosferatu alemán ¿no se asemejan a un órgano mutilado? Ulceraciones en la piel y ojeras profundas, dientes afilados y caducos para un siniestro Kinski que transita entre féretros… ¿no se convertirían en indicios de porfiria avanzada? Son nosferatus que caminan bajo el abrigo de las sombras.
Como fuere, rasgos ficticios o particularidad de una dolencia poco conocida, a lo largo de la transmisión del supuesto, un vampiro adquirió muchos, sino todos, los aspectos concernientes a esta enfermedad. Y tanto en un caso, como en otro, existe una crónica explícita de sensaciones urentes y dolorosas…

Gabriela Córdoba

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Bibliografía:

– Trastoy, Beatriz; Lenguajes escénicos, Pometeo libros, Buenos Aires, 2006.
– Fitzpatric, Thomas B.; Fitzpatrick’s Dermatology in General Medicine, The McGRaw- Hill Companies, Inc., 2008.
– Boffey, Philip M., “Rare disease proposed as cause for vampires”. The New York Times. (31 de mayo de 1985).
– Cox, Ann M., Porphyria and vampirism another myth in the making, McGill University, Montreal.

Web:
* http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002052.htm
http://www.nytimes.com/1985/05/31/us/rare-disease-proposed-as-cause-forvampires.html

Nota válida para este blog:

Confeccioné un documento en formato .pdf que puede ser visualizado o descargado desde Scribd. Contiene algunas imágenes ilustrativas que tal vez hieran la sensibilidad del visitante, por lo tanto sólo han sido incluidas en dicho archivo y no aquí en este post de MIACGC Convención Vampirológica.

La tesis previa de la Dra. Cox también está en la biblioteca de MIACGC en Scribd.

Muchas gracias por su lectura.

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Información sobre Copyright:

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2 Respuestas a “¿Piel de vampiro o lesiones porfíricas?

  1. A pesar de que conocíamos la película de Merhige, se agradece la recomendación. Malkovich y Udo Kier legaron magníficas interpretaciones.
    Saludos y bienvenido a MIACGC.

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