Vampiros en la mitología argentina

Galaxy Crossing por Vanessa Tiegs. Obra pictórica elaborada con sangre menstrual.

Además del opulento repertorio de personajes folclóricos que reúne Argentina, existe un altar mitológico que congrega seres sobrenaturales. En él también hay lugar para los vampiros.
Por lo general, se torna imprecisa la diferencia que existe entre mito y folclore. De hecho, la mayor parte de trabajos etnográficos centran su atención en el folclore de las diversas regiones argentinas (la Telesita, Difunta Correa, Gauchito Gil, etc.), relegando, quizá, a una faceta de olvido consciente el panteón mitológico.
Así, a fin de constreñir conceptos, puede decirse que los términos discrepan debido a que la mitología estudia las religiones primitivas mientras se constituyeron como fe viva, y el folclore se encarga de esa misma antigua religión, aunque adosa las costumbres que todavía sean practicadas en tiempo presente.
Con la finalidad de explanar nuestras observaciones sobre vampiros, encontramos con gran satisfacción un libro fascinante, con autoría de Adolfo Colombres. Seres mitológicos argentinos fue editado en 2008 por la editorial Colihue. Exhibe, entre la minuciosa tarea de investigación fabulosa, ilustraciones de Luis Scafati. A esta instancia, es interesante rescatar la anécdota que comparte Colombres en el prólogo del libro. Dice que, durante las reuniones para articular el texto, el prodigioso dibujante, al no poseer estampas con referencia previas, debió dejarse llevar por su intuición y permitirse la tarea de trazar, por vez primera, la forma visual de esos dioses.
De este modo, Seres mitológicos… presenta el mito vampírico permanecido en la región nordeste de Argentina. Precisamente en la provincia de Chaco, la etnia choronte aun conserva su creencia en vampiros.
Al parecer, ni los asentamientos colonizadores extranjeros, ni las fuertes operaciones evangelizadoras en la zona, productos del progreso, pudieron barrer del todo con el arraigo de las arcaicas creencias.
Ehéie es la mujer vampiro argentina. Los aborígenes entienden que ella era una muchacha jovencita que cometió terrible afrenta en contra de la esencia universal. Por tanto, el castigo merecido debía poseer el mismo tenor significativo de aleccionamiento.
Veamos cómo define a este ser de la superstición Colombres:

Ehéie

Vampiresa mítica de los chorotes. Según un relato recogido por Alejandra Siffredi, era una bella mujer, pero por transgredir el tabú de entrar en el monte durante la menstruación se convirtió en un ser maléfico. Numerosas víboras anidaron en su vientre, las que dieron muerte primero a su marido, picándole el pene, y luego a los jóvenes que se acostaban con ella. Como todos la deseaban, por ser muy atractiva, fueron muchos los que perdieron así la vida. Afligida, la gente pidió ayuda a Ahóusa, el dios Carancho, quien descubrió la causa por la que morían los hombres y la quemaron incendiando el monte en el que vivía. Pero no murió del todo. Cuando Ahóusa fue a remover lo que había sido su cuerpo, vio que algo se movía: era un vampiro, que había nacido de sus restos. Antes de volar, este le anunció que se dedicaría siempre a chuparles la sangre.

Es decir que el gran pecado de Ehéie fue que, al padecer su ciclo menstrual, intentara acceder a un lugar que la comunidad consideraba salvo de cualquier corrupción corporal.
Con respecto a esta idea, observable en la mayor parte de los cánones sagrados de las sociedades tradicionales, podemos agregar que la impúdica suciedad de la que se le acusa a la mujer es el disparador para acabar sus días como ser espeluznante que arrebata vida y bebe sangre. Vida que ella misma es capaz de dar y líquido elemental que nutre la existencia (contradicción religiosa nefasta, si las hay).
Una edición de 1832 de la Sagrada Biblia (Vulgata Latina), en el Libro de Levítico, cap. XII, vers. 1-5, nos lo confirma:

Ceremonias con que ha de purificarse la muger recien parida

1 Y habló el Señór á Moysés, diciendo:
2 Dirige tu palabra à los hijos de Israél, y les dirás: Si la muger conociendo al hombre queda preñada, y pariere varon, quedará inmunda por siete días, separada como en los días de la regla menstrual.
3 Al dia octavo será circuncidado el niño:
4 Mas ella permanecerá treinta y tres dias purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa, ni entrará en el Santuario, hasta que se cumplan los días de su purificación.
5 Mas si pariere hembra, estará inmunda dos semanas, según el rito acerca del flujo menstrual, y por sesenta y seis dias quedará purificándose de su sangre.

Cabe comentar también que el número treinta y tres posee un valor simbólico de extrema importancia para el misticismo sacro. Se cree, por citar una de tantas asociaciones, entre los francmasones, que es la cantidad de grados por las que deben atravesar al iniciarse (se supone que Walt Disney había alcanzado ese nivel).
Ehéie es la putrefacción misma y debe ser alejada del contexto socio-religioso original y debilitada. Se la convierte en ser monstruoso, confinándola a corromper todo lo que toque.
Alejados de intentar pormenorizar los retrueques del mito conminatorio, la reflexión simbólica que se desprende es una clara y contundente prueba de la incursión de la sacralidad en el orbe cognoscible. Bajo la sentencia lúcida de Mircea Eliade:

Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy día. Más aún: el hombre es lo que es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales.

Gabriela Córdoba

Bibliografía:

– Eliade, Mircea; Mito y Realidad. Labor, Barcelona, 1991.

Más sobre Ehéie:

Ehéie, mito chorote del vampiro

Ehéie, la vampiresa (mito recopilado por Alejandra Siffredi)

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