La mujer vampiro de Apolonio de Tiana

El neo pitagórico Apolonio de Tiana vivió durante el primer siglo de la Era Cristiana. Por lo general, se lo ha emparentado al Cristo católico, sin cometer un mínimo ahondamiento cultural y doctrinario sobre su quehacer y la época en la cual se desenvolvió. Procedente de una de las ciudades de Capadocia (Tiana), luego de cumplir 14 años, inició sus estudios filosóficos, los que le llevaron a conectarse con la erudición de las escuelas estoica, epicúrea, peripatética y platónica.
Folio aparte implica su paso por la doctrina pitagórica, de la cual absorbería la idea de metempsicosis (transmigración del alma) y la avanzada teoría de los números. Con relación a la primera, cabe declarar que Pitágoras defendía la creencia de que el cuerpo físico era la prisión del alma. Sólo mediante el traspaso de esta materia inasible, de masa humana en masa humana, a lo largo de diversas vidas, la liberación era posible. Una tarea continua que debía extenderse a cualquier existencia que se ocupare, era la de habituar ese cuerpo a la purificación y renuncia y éstas acontecían sólo practicando una introversión responsable.
Bajo dichas pautas, podemos ver, además del influyente contacto del filósofo con las principales comunidades místicas de Egipto, Arabia o Siria, de qué modo repercute el dogma pitagórico en Apolonio. Declarándose a sí mismo reformador de la corrompida creencia griega, los extensos viajes que emprendió a las ciudades más notables del mundo antiguo, contribuyeron a la propagación de una especie de mixtura doctrinaria, iniciada junto a las prescripciones del pensador de Samos, que incluía, además, raíces indoiranias (Zoroastrismo) y cultos mistéricos (Honra a Dionisos, Orfismo, Misterios de Eleusis), entre otros.
En la época en que Nerón decreta la persecución obcecada de los filósofos romanos y extranjeros, Apolonio de Tiana debe huir. Los siglos posteriores le conceden una mayor maledicencia, deshecha únicamente con la llegada de la Ilustración -despertó la admiración de Voltaire y Bacon-, (entretanto, es menester remarcar desde opiniones de abates injuriosos que defendían la inquebrantable naturaleza cristiana única de los milagros o una edición princeps de su biografía que fuese anulada por sectaria).
Es arduo profundizar acerca del pensamiento griego, cualquier estudio se agrava si los contextos históricos han sido velados por medio de acometidas sincréticas libradas al descuido. Es lo que la doctrina de Apolonio tuvo que sufrir. A pesar de esto, llega hasta nuestros días la obra de Filóstrato, Vida de Apolonio de Tiana, eso sí, de difícil acceso en castellano, sólo corregida y comentada por especialistas en lengua inglesa.
Registros autenticables afirman que fue durante el 216 d. C, cuando Flavio Filóstrato exploró el acontecer de su maestro, por mandato expreso de Julia Domna, madre del emperador Caracalla. Es muy probable que la regia familia rindiera culto a Apolonio, junto a infinidad de dioses que se ubicaban en el lavarium, adhesión que se justifica ya que el filósofo de Tiana había sido partidario del régimen monárquico, a diferencia de sus contemporáneos que se veían confinados al destierro por defender el regreso de la República.
Añado, en otro orden, algunas especificaciones sobre la doctrina, que quizá sirvan para comprender y establecer vínculos a lo largo de la lectura del capítulo XXV, sin por ello dejar de considerar también la manipulación tardía que, indiscutiblemente, coopera en engrosar la valía conceptual de la obra. Exponer alegatos sobre vampiros conlleva un esfuerzo de ilación en nada desdeñable…

* Daimon: en griego Δαίμων. Las reuniones pitagóricas y platónicas conferían a este término una acepción bastante distinta a la que actualmente se conoce. Daimon era el Yo superior humano o siendo más específica, su alma desarrollada con todos los beneficios pertinentes. Una vez que se establecía la reunión terrenal y celeste (muy posible si el alma había alcanzado este grado de elevación), el hombre recibía el auxilio de seres incorpóreos o demonios. La salvaguarda no finalizaba con eso, sino que de ser posible una identificación próxima, ese ser traspasaba el plano mortal y se acomodaba cercano a esas entidades intermedias. Rememórese la necesidad de purificación consciente que estos místicos llevaban a cabo para lograr alcanzar ese estado.

* El grave ocultamiento que padeció cualquier biografía de Apolonio y sus dogmas, desde el término del Imperio Romano hasta el siglo XVIII, se debe exclusivamente al auge sistemático del canon teológico cristiano. Para esta religión, los milagros sólo habían sido efectuados por Cristo, cualquier persona a la que se le atribuyera tal don, debía ejecutar brujería. Como afirmara Apolonio en Babilonia, su anticiparse a los hechos se efectuaba gracias al ejercicio de la presciencia (prognoseos) o, como el vocablo arriba hasta el presente, prognosis. Confío en Azara cuando detalla:

Los grandes visionarios tienen el poder de desentrañar los misterios, de leer entre líneas, en las entrañas de las víctimas inmoladas, el futuro, cuya imagen evoca otra del pasado y de cazar al vuelo y descifrar cualquier señal que los dioses tengan a bien enviar a la Tierra o hacer que se refleje sobre la superficie lisa y brillante del hígado de los sacrificados. Juzgan con seguridad y les bastan unos pocos indicios, y los pronósticos (de prognosis, “conocimiento antes de hora”) que pronuncian se cumplen feliz o fatalmente. Gozan, por tanto, del poder o del don de realizar conjeturas y previsiones. Conjeturar en griego se decía tekmairomai y, como Detienn y Vernant han observado, “consiste, a la manera de los navegantes que se fían de los signos de los adivinos y de las marcas luminosas del cielo, en abrirse un camino ayudándose de esos puntos de orientación, y en mantener los ojos fijos sobre el objetivo que se pretende alcanzar con ese rumbo”.

El que sigue es un modesto resumen de la mujer vampiro de Apolonio de Tiana.

Capítulo XXV

En Corinto, Apolonio recluta a algunos adeptos a su filosofía (Demetrio, Antístenes), aunque de éstos quien más destaca por sus dotes físicas e intelectuales, según refiere Filóstrato, es Menipo (“al contemplar su semblante parecía un valiente y caballeresco atleta”).
Este nuevo discípulo era oriundo de Licia (región del Asia Menor) y contaba al momento de ser aceptado bajo la doctrina neo pitagórica con veinticinco años de edad. Sus vecinos corintios, aseguraban que una bella y acaudalada mujer extranjera estaba sumamente enamorada de él; sin embargo, estos dichos no pasaron de ser meras conjeturas del populacho, las cuales no están confirmadas en Vida de Apolonio de Tiana.
La dama aparece anexada a la historia de Menipo porque, al parecer, el encuentro de ambos se produce bajo circunstancias sorprendentes (como el dogma establecido de Apolonio denomina a tales hechos). Filóstrato cuenta que, luego de un reparador paseo por Céncreas [aquí tengo mis dudas con respecto a mi traducción del nombre de la localización; la traducción de F.C Conybeare data de 1912 y es en la cual me baso para desentrañar este capítulo, donde el sitio está asentado como “Cenchraea”], Menipo, en total estado de distracción, es abordado por una aparición. Poseedora de una atractiva forma femenina, ésta toma la mano del joven y le declara que durante largo tiempo ha estado enamorada de él.
Añade que en vida fue habitante fenicia, tras detallar el nombre de su poblado hacia la frontera de Corinto. Cuando Menipo le ha concedido toda su atención y olvidado su travesía anterior para el descanso, ella le convida a retornar un encuentro más íntimo por la tarde, momento en que oirá su canto y hallará ánforas repletas con el más exquisito vino que nunca antes pueda haber bebido. Desde ese instante, ningún rival podrá hacer frente a sus destrezas guerreras, y, tras aceptarla como esposa, los dos vivirán maravillosamente.
A pesar de ser un filósofo enérgico (claramente esta declaración denota el riguroso cumplimiento ascético en las comunidades de estudio), continúa Filóstrato, Menipo acepta el convite que le hace la dama, puesto que “todo hombre es susceptible a las ofertas de la pasión”. Así, luego de transcurrir la hora media del día, el pupilo decide buscarla, sin haber asumido razonablemente la característica que ella misma le enuncia desde el primer momento: sólo es una aparición.
La visión a distancia del pitagórico Apolonio estuvo observando la escena a medida que acontecía. Entonces, se acerca a su alumno y vaticina: “Eres un joven brillante y te persiguen asombrosas mujeres pero, en este caso, estás acariciando una serpiente, y ella es una de las que anhela. Esta señora es de la especie que no se puede casar [marry/ traducción literal]. ¿Crees que ella te ama?”. El alumno, con todo el embate de la tozudez juvenil, contesta al maestro que con su comportamiento la mujer le ha demostrado amor.
Más tarde, Apolonio teme que Menipo intente concretar su casamiento (presagio que era el correcto), entonces averigua el paraje donde se realizará la ceremonia y al tiempo del desayuno nupcial, irrumpe, emergiendo entre los invitados. “¿Dónde está la delicada señora, a cuya instancia habéis reunido?”, habla, y es Menipo quien la señala.
Apolonio persiste en su inquisitoria: “¿A quién de ustedes pertenecen la plata, el oro y el resto de la decoración que contiene esta sala de banquetes?”, y del mismo modo anterior su discípulo contesta: “A ella, es todo lo que poseo”.
Tras descubrir la sugestión en la que ha caído preso, el capadocio le recuerda a su novato filósofo un particular episodio registrado en la epopeya homérica, al respecto de los Jardines de Tántalo, los cuales, a través de un juego perverso sobre las apariencias animísticas, pueden modificar su prevalecencia. Agrega Apolonio: “Debes considerar estos adornos, ya que no son la realidad, sino la apariencia de ella”.
De tal manera, es como revela la verdadera naturaleza de la aparición ante todos los asistentes, acusándola de ser vampiro y asociándola con lamias y duendes. Argumenta, asimismo, que en su forma femenina, esos seres se dedican a los placeres que otorga Afrodita, ocupando la estadía entre humanos a engatusar hombres, que luego devorarán en honor a la diosa bajo la práctica de subrepticias bacanales.
Ante tal delación, la mujer vampiro trata de ridiculizar a Apolonio frente a sus semejantes entusiastas de la sophia, y es cuando, frente a los evidentes indicios, el daimon desbarata la visión fingida (séquito de sirvientes, utensilios ostentosos; en fin, la escena completa) y ofrece a los asistentes la efectiva existencia. La no muerta, derrotada, implora compasión al filósofo y requiere la abolición de la tortura, que bien sabe, se merece.
Finalmente, Apolonio desoye el clamor y logra que la aparición confiese su naturaleza vampírica y cómo embaucó al crédulo Menipo, con la intención de alimentarse con su cuerpo y sangre jóvenes.
A manera de cierre, Filóstrato narra que este evento fue uno de los más renombrados en lo que al centro de la Hélade incumbe, poblado que Apolonio de Tiana visitara después de recorrer Egipto. De ningún modo existe una base histórica que cerciore los anteriores dichos, sin embargo, habría llegado hasta los oídos del biógrafo una anécdota similar que relaciona a un célebre general griego con el rapto de una lamia, también en Corinto.

Gabriela Córdoba

La primer figura de esta página escaneada es una lamia. El grabado forma parte de un Bestiario sobre Historia Natural datado en 1794. El autor de la fotografía aumenta la información en flickr.

Bibliografía

– Azara, Pedro. La Imagen y el Olvido: El Arte Como Engaño en la Filosofía de Platón. Ediciones Siruela, Madrid. 1995. p.44.

Philostratus. The Life of Apollonius of Tyana, tr. F.C Conybeare, Book IV, Chapters 21-30. 1912. Digitalizado por Sacred Texts.com.

El documento para descargar en Scribd.

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