Los ejemplares de Alex C. F.

Él afirma que es guarda y curador de la colección Merrylin Cryptid. Envuelto en un misterio “conveniente” (no se conoce su verdadero nombre, ni tampoco en qué lugar de Inglaterra reside), dice poseer piezas tan disímiles como dragones desmembrados, huesos de hombre lobo, algunas galeras de brujas o la fina pericia de la taxidermia en animales no catalogados.
Creo, sin desmerecer su trabajo, que es un excelente artista, aunque le resten todavía muchos detalles para operar persuasivamente con críptidos (Criptozoología). Con lupas que autoricen miradas bizarras, lo es; sólo alcanza con visitar su página para confirmarlo (The Specimens of Alex C. F.).

De sus encuentros con el universo vampírico también da prueba.

Menes, el faraón vampiro de Egipto

© Alex C. F.

Acerca del hallazgo, Alex C. F. apunta en su blog personal que el cuerpo momificado (y mutilado por debajo de la cintura) pertenece, ¡ni más ni menos!, que a Menes -Narmer-, rey del Egipto antiguo.
Traicionado por su linaje, el faraón transige en convertirse en vampiro, pero sólo permanece en el poder durante dos años, tras violentas disputas y deslealtades que le acarrean, de modo inexorable, la muerte.
El relato, para ser cierto, debería fundamentar mejor históricamente ciertos episodios que, por disparatados, desvían hacia una total incongruencia. Como es de suponer, existen vacíos insalvables en la “audaz crónica”, cabos sueltos que se atan a dislates por poco imprudentes (¿los dichos podrán ser recursos sustanciales para la conformación del mito cristiano del Rey Herodes?).
Como fuere (no puede negársele al hombre su capacidad para el manejo lúdico), el conjunto de ítems se dispone en un cofre de madera, con las debidas “aclaraciones” de fecha, sitio de la adquisición y sangrienta historia y fue parte de las muestras dadas por el “criptozoólogo” en Londres.

Más detalles en el sitio de Alex C. F.

Investigación de un caso anatómico-biológico vampírico

© Alex C. F.

Este es el tipo de lances que me lleva a cuestionar, de forma severa, la pervivencia de la medicina como ciencia demasiado enrevesada… ¿para qué acudir a un galeno, si cualquier jardinero puede manipular la diagnosis a su antojo? (ironía).
Ya desearía yo edificar un personaje tan sólido como Francis Gerber…
Debemos remontarnos al 1700, esta vez. A un científico suizo loco le añadiremos cadáveres de simios africanos, vestigios de tejido óseo mandibular (con prominentes caninos, como es de suponer), y un arduo viaje hasta Mongolia, donde (¡por fin!) del hombre guiado por metódicas observaciones, no queda ni rastros y emerge, cual prodigio, un antiquísimo espécimen vampiro que le proveerá la asertiva fórmula de la Inmortalidad.
No más que otro de los ingeniosos artefactos de Alex C. F.

Más detalles en el sitio de Alex C. F.

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