¡Cuenta, Drácula! – Marcus du Sautoy

Dibujo por Joe Mckaren en Times2.

En un artículo escrito para la revista académica TIMES2, que se divulgó el 29 de octubre de 2008, Marcus du Sautoy, matemático emérito de la Universidad de Oxford, explica cómo es que la ciencia también considera a los vampiros.
Mediante un flash back narrativo, acerca a los lectores hasta su infancia, cuando a diferencia de otros niños, él no elegía para celebrar Halloween disfraces de zombies o fantasmas sino los colmillos del conde Drácula. Del mismo modo que sucede con los vampiros, du Sautoy, entiende que una potencial aritmomanía comenzaba a estrecharlo y esa elección tan puntual por el embozo vampiresco, puede haber sido un signo axiomático de la futura obsesión que lo llevaría, en la adultez, a ser titular de la cátedra Simonyi para la Comprensión Pública de la Ciencia.
Cabe matizar algunos pormenores sobre el rito aritmomaníaco. Los manuales de psiquiatría que consulté, entre ellos el Diccionario para la corrección terminológica en Psicopatología, Psiquiatría y Psicología Clínica (2008), coinciden en definir a la Aritmomanía –del griego aritmós (número) y mania (manía)–, como el desorden mental, agrupado entre los de índole TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que se inclina por la numeración irresistible y reiterada de objetos vecinos. Por lo general, acompaña el síndrome Gilles de la Tourette y se manifiesta entre las etapas de edad escolar y pubertad, del crecimiento (2 hasta 15 años de edad).
Si retomamos el trabajo de Marcus du Sautoy, nos apunta que el descubridor del desorden psíquico referido, Nikola Tesla, padecía la severa obsesión de computar todo objeto a su alrededor y éstos debían ser divisibles por 3: exigía 18 toallas limpias por día y contaba los pasos que daba sin detenerse hasta no obtener una cifra que se fraccionara tres veces. Tal vez, continúa el catedrático, el personaje más famoso (y paradigma esencial en este texto) de la ficción para niños sea el Conde Contar (América Latina) –conde Draco en España– de Plaza Sésamo.

Precisemos, para no perder el hilo. Antiguos poblados rusos y eslavos, al mantener el ceremonial que predispondría las lluvias anuales, esparcían semillas de amapola en un pozo con el ánimo de que proveerían cierto grado de protección mágica. Granos de mijo y mostaza también eran útiles.
Sostenían que la utilización de estas semillas desencadenaba el embarazo de las mujeres recién casadas y las extendían sobre toda la superficie del hogar para mantener alejados los espíritus de los muertos. Tal es así que, si una persona había cometido suicidio, rodeaban su sepulcro con semillas de amapola y oraban: “Volverás cuando hayas terminado de contarlas”. Creencia que se nombra en ¡Cuenta, Drácula!
No es difícil averiguar los vínculos que señala du Sautoy. Si un vampiro se ve aquejado por esa compulsión por el cálculo, tardará más tiempo en arrebatarle la vida a un humano.
Aquí es donde aparecen los números vampiros. Ciertamente, la deducción lógica ha reparado en esta extrañeza. La traducción del artículo informa que se trata de dos números menores con la mitad de extensión de la que contienen todos los dígitos de un número mayor. Ejemplo: 1395 es igual a 15 multiplicado por 93 (1395 = 15 x 93). Los dos números menores se denominan “colmillos” del número vampiro mayor. Aunque esto es poco más que una curiosidad numérica, los matemáticos han demostrado que existe una cantidad infinita de números vampiros.
Por si las dudas se presentaran, agrego que estos números son el producto que permanece (desordenado) cuando otros dos se multiplican. Tienen que atenerse a tres reglas matemáticas:
– cifras pares;
– los números de origen deben contener la mitad de las cifras del vampiro;
– no se obtienen agregando 0.
Para finalizar, du Sautoy expone que igualmente los científicos han demostrado que los vampiros no existen. Debido a que necesitan alimentarse con sangre de vivos con determinada regularidad, una vez saciados, la víctima también se transforma en uno de ellos. Ahora es cuando se vale de la ley de probabilidades. Si, al menos, una vez al día realizan esta actividad, en un mes se habrá duplicado el número de no-muertos sedientos.
Tomando en cuenta las mediciones para 2008 en cuanto al número total de población mundial (6,7 billones) y esa pronunciada duplicación matemática vampírica, a un chupa sangre le llevaría sólo 33 meses convertir al mundo entero. Y, aunque consideráramos cualquier crecimiento de la tasa de natalidad, los humanos no podríamos reproducirnos con la suficiente rapidez como para contrarrestar tal efecto de duplicación.
Consideré que el trabajo del instructor de Oxford es formidable, por eso es que forma parte de las entradas en MIACGC Investigación vampirológica. Los que hemos sido mártires del formalismo matemático correcto pero inútil estimamos estas novísimas metodologías, reductoras de vaguedad lógica. Mientras más preciso sea un concepto, favorecerá la conexión con otros. Son la capacidad de síntesis y ejemplificación palpable quienes estimulan el interés por el conocimiento. Reglar, definir y conceptualizar ocurren como nociones que únicamente pueden defenderse gracias a su utilidad.
Así es que olvídate del ajo y los espejos. ¡Es la matemática tu mejor protección contra el Príncipe de la Oscuridad!

Count, Dracula!. Times2, 29th October 2008, en Scrib (artículo original)
Publicaciones de Marcus du Sautoy en la web de la Universidad de Oxford
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