Jean-Paul Marat: el vampiro más notable de la República francesa

Esta imagen del panfleto es publicada por cortesía de French Pamphlet Collections at the Newberry Library, proyecto digital dirigido por The Newberry Chicago’s Independent Research Library Since 1887.

Para comprender el tenor sustancial de muchas de las acusaciones que sufrió Jean-Paul Marat a lo largo de su vida (entre tantas, la de ser un peligroso vampiro), deberíamos remontarnos a los años que anteceden a la Revolución francesa y a esa época cruenta, inclusive.

Figurémonos una Francia oprimida por gobiernos absolutistas monárquicos, y dos clases sociales bien diferenciadas: Estados Generales (clero, nobleza y burguesía) y estado llano (burguesía baja, obreros y campesinos que carecían de derechos y estaban cargados de impuestos y deberes; posteriormente, será de este grupo del que saldrán los principales elementos de la revolución).

Los reinados anteriores al de Louis XVI, donde más ostensible se halla la participación partidaria de Marat, preparan el marco de desacuerdo social generalizado que contribuirá luego a la instauración del régimen republicano. Louis XV, frívolo y desinteresado monarca, entrega a Francia la Guerra de Sucesión de Austria y la Guerra de los Siete Años. Altos impuestos (talla, dos vigésimas, diezmo, corvea), soportados únicamente por las clases no privilegiadas, también deben sumarse a las bajas humanas y financieras.

Cuando el esposo de Marie-Antoinette d’Autriche ostentó el cetro, no fueron suficientes ni siquiera las medidas coactivas de su ministro Turgot (impidió las trabas y restricciones aduaneras referidas al comercio de cereales, disolvió aquellas corporaciones que no tenían en cuenta la libertad laboral y abolió la corvea real, estableciendo una subvención territorial que debía ser pagada por los Estados Generales, etc.), para restituir por completo la estabilidad económica. A continuación, destituido por el Parlamento, por considerar que sus edictos atentaban contra la inviolabilidad de las ventajas arbitrarias, Necker, en el lugar de Turgot, optó por retroceder a la táctica de empréstitos, que otros monarcas habían implementado en siglos pasados, y publicó un presupuesto que evidenciaba el verdadero destino de las inversiones reales, que no era otro que el de financiar los gastos triviales que realizaba la corte.

El disgusto en la población francesa aumentaba. Representadas las clases trabajadoras por el Tercer Estado, éste comenzó a demandar que se abolieran los privilegios y se redactara una Constitución mediante la cual fueran aseguradas la libertad civil y las reformas laborales. Y aunque Louis XVI se negó a aceptar íntegramente estos requerimientos, se vio obligado, por su creciente impopularidad, a reconocer a la nueva Asamblea Constituyente y ver desaparecer a los Estados Generales, a la vez que asistía, durante su regencia, a la Toma de la Bastilla, La gran Peur y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Acabó resolviendo su ineptitud real por medio de un intento de huída hacia la frontera alemana, determinación que fue imposibilitada por las autoridades, suspendiéndolo de su cargo.

A la vez que estos hechos tomaban lugar en Paris, grupos subversivos intentaban derrocar a la monarquía y se agrupaban en sociedades. El Club de los Jacobinos (si bien en un principio seguidores de las doctrinas enciclopedistas y filosóficas liberales, con el auge de su fuerte influencia en las provincias, se tornaron más extremistas al ser liderados por Maximilien de Robespierre), o el de los Cordeleros o Franciscanos (eran adeptos de la legalidad y moderación, por lo que gozaban del apoyo de las clases terratenientes provinciales), bajo el cual actuaba Jean-Paul Marat.

Seguidamente, la Asamblea Constituyente votó la suspensión del rey, como ya anoté, y su arresto. Un Consejo Ejecutivo fue entonces el encargado de reemplazar a Louis XVI en sus funciones.

Charlotte Corday asesina a J. P. Marat mientras yace en la bañera. © Gallica - Bibliothèque nationale de France.

Charlotte Corday asesina a J. P. Marat mientras yace en la bañera. © Gallica – Bibliothèque nationale de France.

Entretanto, bajo el dominio de la Comuna, organismo dotado de plenas facultades dictatoriales, iniciaron las Matanzas de Septiembre (1792). No alcanzaba con el desorden social implantado dentro del territorio francés, ataques prusianos acometían contra la fortaleza de Verdún… El pueblo, arrasado en pánico y encolerizado, era enardecido con la vehemente perorata de los cabecillas antimonárquicos; periódicos y libelos de todos los colores flotaban entre las cabezas de quienes marchaban al palacio real, en reclamo por la escasez de víveres.

Es en la última oración antes presentada donde quisiera detenerme. En el tomo nº 25 de la Enciclopedia Moderna y Diccionario Universal de Literatura, Ciencias y Artes (1853), de Francisco de P. Mellado, leemos para la acepción libelo, que una de sus principales características, anterior al establecimiento de los regímenes representativos o republicanos, es que solía ser anónimo. Era una herramienta de denuncia utilizada por todos los bandos, “unas veces con verdad, otras con mentira, pero siempre bajo la forma apasionada e injuriante.” Junto a la caricatura, el panfleto satírico equivalía a un arma ofensiva de los partidos y se los usaba principalmente para protestar contra la tiranía o la mala voluntad gubernamental. Continúa Mellado:

La Inglaterra, y sobre todo la Holanda en sus últimos siglos, especulaban sobre esa funesta pasion tan arraigada entre los franceses, de atacar por medio del ridiculo y la calumnia, que comprometia muchas veces la seguridad individual y la propiedad de los impresores. Un colaborador del diccionario francés de la Conversación, no tiene inconvenientes en asegurar que habia en el estrangero, es decir, fuera de su pais, la Francia, oficinas de libelos, y dice con mucho chiste que la Holanda ha enviado à los franceses tantos libelos como quesos, hasta el punto de ahorrarse los costos del papel para envolverlos.

Nuestro vampiro jacobino-cordelero, Marat, posiblemente fuese conocedor del poderío que atesoraban estos escritos, ya que, desde el periódico que dirigía, L’Ami du Peuple, exaltaba a la turba para que iniciara la guerra civil y eliminara a los enemigos internos de Francia, incitación que fue fielmente obedecida durante las Matanzas de Septiembre. Más de 1.000 personas perecieron en este enfrentamiento propagado por el sanguinario amigo de Robespierre.

Además, Alfred Bougeart, uno de sus biógrafos más consultados, asienta que los detractores refutaban su título médico, diciendo que era solamente un curandero. “Engaña a la gente diciéndole que es el inventor de un remedio universal, que asegura, quita todos los males. Así, les vende una mezcla de hierbas fraccionada en frasquitos a 10 luises (de oro) cada una, líquido que no puede ser más que un veneno. Suit, en effect, une histoire d’une homme empoisonné: risum teneatis, amici.”

En consecuencia, el libelo anónimo impreso en 1795, de 36 páginas, que muestra la fotografía que acompaña esta entrada, remarca parte de la estimación que otros partidos o clubes políticos tenían para con Jean-Paul Marat.

El impreso fue clasificado en el Catalogue de L’Histoire de France, tome troisième, Librairie de Firmin Didot Frères, en 1856:

1618. Vie criminelle et politique de J.-P. Marat, se disant l’ami du peuple, adoré, porté en triomphe comme tel, et, après sa mort, projeté saint la jacobinaille, on l’homme aux 200,000 têtes, le vampire le plus remarquable de la république française ; suivie d’un recueil exact de ce qui s’est passé à son sujet sur, plusieurs places publiques.- Metz, chez les marchands de nouveautés ; et Paris, Prèvost, (s.d.,) in-12. Piece.

En el mismo panfleto, vuelve a apuntarnos Bougeart, el vituperio prosigue:

Il est temps de lever le voile qui jusqu’alors a couvert ce squelette odieux (Marat) et d’établir la mémoire de ce vampire altéré de sang.

Sucintamente para finalizar, válido resulta el antiguo refrán latino, Qui gladio ferit, gladio perit… Jean-Paul Marat fue apuñalado por la girondina Charlotte Corday el 12 de julio de 1793, hecho que inaugura La Terreur. Esta vez, otro instrumento no de papel, aunque sí de decapitación mecánica, la guillotina, ajusticiaría a todo aquel sospechoso de estar vinculado con la monarquía o los girondinos.

Acaso no fuere que algún panfleto oculto rezara al son de la Marsellesa: La France a été gouvernée par les vampires républicains!

Gabriela Córdoba

Bibliografía consultada:

– Marat, L’Ami du Pueple (1865) por Alfred Bougeart.

– Catalogue de L’Histoire de France. Tome troisième. Librairie de Firmin Didot Frères, (1856).

– Historia moderna y contemporánea (1967) por J. C. Ibáñez.

2 Respuestas a “Jean-Paul Marat: el vampiro más notable de la República francesa

  1. De longs travaux menés sur cet analyste qui prend vraiment en compte la puissance complexe de la contre-révolution passent aussitôt pour hagiographiques, comme s’il était possible d’être «maratistes», ce qui est aussi absurde que d’occulter les percées dialectiques qu’il a apportées.

  2. Pingback: Le Vampire de Vinezac | MIACGC Investigación vampirológica·

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