Tres curiosas definiciones para la palabra “vampiro”

Mucho se ha tardado en confeccionar con apropiada exactitud, a través de los siglos, una definición abarcadora de la palabra “vampiro”. Trasladada la noción desde registros folclórico-lingüísticos pertenecientes a los primeros asentamientos de los pueblos eslavos y/o macedónicos (aún se plantea el debate entre filólogos acerca del verdadero lugar de surgimiento del nombre), sobre el noreste europeo, alcanzó culturas tan disímiles como pueden ser la bizantina o la de los pueblos escandinavos.
Recogemos en esta ocasión tres definiciones anteriores al siglo XX, cuando ya se hubieron superado tanto la suspicaz Ilustración, batalladora incansable en contra de la superstición (Feijoo), como el desconocimiento pleno de continentes declarados exóticos gracias a la lejanía y a las dificultosas empresas que debían emprenderse para arribar a exploraciones decisivas. Remarcamos, así, la importancia que posee el escudriñamiento pertinaz de cualquier avance que haya ido corrigiendo, acrecentando y modificando la concepción original para concluir obteniendo la que por nuestros días manejamos.
En primer lugar, citamos a A critical Pronouncing Dictionary & Expositor of The English Language, de John Walker, impreso en Londres en el año 1823.

La modesta traducción que hicimos:

Los Vampiros fueron entidades imaginarias y se supuso que eran el alma de personas condenadas, que atormentan a los vivos succionando su sangre cuando duermen. La creencia de estos seres era muy común hace un siglo atrás [s. XVIII] en Polonia y algunas partes de Alemania.

Durante el mismo año (1823), se publica en Madrid el Diccionario de la Lengua Castellana por la Academia Española, en el que constatamos, esta vez para el sinónimo de vampiro estrige, el significado siguiente:

Esta vez observamos la primacía de la naturaleza puramente psíquica del significante lingüístico. El sentido del término resulta expuesto a primera instancia: un pájaro raro que presagia dificultades como la de convertirse en verdugo de niños indefensos. Este concepto demuestra, más que los otros ejemplos, la asociación de creencias tradicionales que fue anexándose a la palabra a través del uso, y que no por ello dejan de resultar confusas, débiles e ilimitadas como bien advierte Roland Barthes.
Seguidamente, se incluye el término como apareció en el Diccionario FRANCÉS-ESPAÑOL de M. Nuñez de Taboada, para su undécima edición, de 1849.

Es claro que puede notarse el hincapié que presenta el antiguo tesauro en remarcar el enajenamiento en el que solían sucumbir las poblaciones con cierta fragilidad idólatra, además de la mención del quiróptero monstruoso hallado en América (los estudios zoológicos recién comenzaban para esta especie), como segunda acepción.
Atendemos, por último, a la aparición en dos oportunidades del lugar de establecimiento de la creencia: Alemania. Al parecer, los movimientos migratorios eslavos dejaron su amplio bagaje de prácticas rituales (estacas, amuletos, telas y nudos especiales, en las tumbas de quienes eran acusados de haberse convertido en vampiros luego de fenecer) firmemente establecida en las regiones situadas al norte y este del país. Como principal ejemplo puede recordarse la variedad prusiana de gierach.
Gabriela Córdoba

Una respuesta a “Tres curiosas definiciones para la palabra “vampiro”

  1. Un vampiro de la India que goza el consumir seres humanos. Esta criatura bebe la sangre de sus víctimas a través de su cráneo, luego come el cerebro y finalmente procede a envolver con intestinos el cuerpo de sus víctimas y realiza una danza ritual.

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